El mayor enemigo del escritor es una página en blanco. En algún lugar escuché la sensación de que la hoja en blanco se ríe de uno, se burla, se jacta de que no hay nada que decir, hasta que es atacada vilmente por un torrente de palabras, por ideas o por simples sentimientos. Siempre odié escribir en uno de estos, porque nunca supe qué tipo de escritura es la que me caracteriza. Si un Borges frío, lleno de oxímorones y descripciones minuciosas; un Cortázar ennumerador, con metáforas de Jazz y las nubes; o simplemente yo, una mezcla de todo y nada.
Ahora, yo me pregunto. De qué quiero hablar? Siempre me dan ganas de contar algo, contar qué me pasa y qué significa ser una persona como yo. No lo hago porque a alguien le llegue a interesar, por favor; la gente ya tiene demasiadas cosas de qué preocuparse, y no puedo pretender sumarle algo tan insignificante como la vida de otra persona. Por eso ya ni me preocupa tener algo para decir. Si tengo ganas hablo, si es a la pared, que así sea.
Buen día, pared, usté sabe que ayer....?
domingo 28 de junio de 2009
viernes 11 de enero de 2008
Enero en Buenos Aires
Los fuegos artificiales cesan. Los arbolitos ya no abundan y casas siguen con sus adornos navideños aunque haya pasado la época de fiestas. Los negocios aún asoman ofertas de fin de año y nos desean un año nuevo. Finalmente el 2008 empezó, y junto a él, empezó Enero.
El mes más caluroso del año, pleno verano y sensación térmica de 40ºC, o 303 Kelvin. La ciudad está solitaria, menos autos pasan por mi calle y menos gente se sube a los superpoblados medios de transporte que decoran los barrios. Incluso gente conocida se va de la ciudad y migra hacia zonas costeras, y uno comienza a acercarse a otro tipo de gente para superar la soledad. Arduas tardes de transpiración cuando sólo hay que caminar 2 cuadras para pagar la cochera. Eternas noches donde el calor no deja dormir, y tristes finalizaciones de salida donde al cambiarse para entrar en la cama, la mano resbala fácilmente por el cuerpo dando una pequeña sensación desagradable de "caminé demasiado rápido para llegar y dormir".
Decenas de pesos, por no decir cientos, son invertidos en noches para calmar la soledad y relajarse frente a unas vacaciones en la ciudad bien merecidas, como en una simple cerveza en un parque, viajes a casas quinta de amigos, o, si me atrevo a decirlo, boliches, bares y demás. Dónde habrá quedado ese lugar donde todos nos juntábamos en una época? Dónde habrá quedado la gente, y algún dia volverá? Hacemos todo lo posible para que no muera, para que un pequeño rincón de la ciudad siga siendo un refugio para mentes cansadas, sedientas de tranquilidad en un mundo acelerado, donde somos sobreexigidos, subestimados, presionados. Donde la línea que separa la indiferencia de la preocupación en serio de nuestros allegados que no comparten nuestro día a día se está volviendo cada vez más difusa y pensamos que ya quizás ni les interesamos. En verano tratamos que siga en pie ese lugar, porque poco a poco nos damos cuenta que no estamos solos.
Las horas, los días pasan lento, anochece tarde y amanece temprano. Los días aunque más largos son usados para cada vez menos, ya la televisión no es suficiente y no hay gente interesante para charlar por internet. Las páginas que uno visitaba a diario no se actualizan y viejas amistades se nos vienen a la mente. En qué andará tal? No, no debemos caer tan bajo por un poco de compañía. Un mes pasa rápido, mirá, ya pasaron 11 días. Falta poco, todos vuelven tarde o temprano para preparar finales, y nos vamos a ver de nuevo. La biblioteca se vuelve a poblar y quizás ir a la facultad más adelante no sea una locura como lo habría sido ir estos días.
Falta poquito para Febrero.
El mes más caluroso del año, pleno verano y sensación térmica de 40ºC, o 303 Kelvin. La ciudad está solitaria, menos autos pasan por mi calle y menos gente se sube a los superpoblados medios de transporte que decoran los barrios. Incluso gente conocida se va de la ciudad y migra hacia zonas costeras, y uno comienza a acercarse a otro tipo de gente para superar la soledad. Arduas tardes de transpiración cuando sólo hay que caminar 2 cuadras para pagar la cochera. Eternas noches donde el calor no deja dormir, y tristes finalizaciones de salida donde al cambiarse para entrar en la cama, la mano resbala fácilmente por el cuerpo dando una pequeña sensación desagradable de "caminé demasiado rápido para llegar y dormir".
Decenas de pesos, por no decir cientos, son invertidos en noches para calmar la soledad y relajarse frente a unas vacaciones en la ciudad bien merecidas, como en una simple cerveza en un parque, viajes a casas quinta de amigos, o, si me atrevo a decirlo, boliches, bares y demás. Dónde habrá quedado ese lugar donde todos nos juntábamos en una época? Dónde habrá quedado la gente, y algún dia volverá? Hacemos todo lo posible para que no muera, para que un pequeño rincón de la ciudad siga siendo un refugio para mentes cansadas, sedientas de tranquilidad en un mundo acelerado, donde somos sobreexigidos, subestimados, presionados. Donde la línea que separa la indiferencia de la preocupación en serio de nuestros allegados que no comparten nuestro día a día se está volviendo cada vez más difusa y pensamos que ya quizás ni les interesamos. En verano tratamos que siga en pie ese lugar, porque poco a poco nos damos cuenta que no estamos solos.
Las horas, los días pasan lento, anochece tarde y amanece temprano. Los días aunque más largos son usados para cada vez menos, ya la televisión no es suficiente y no hay gente interesante para charlar por internet. Las páginas que uno visitaba a diario no se actualizan y viejas amistades se nos vienen a la mente. En qué andará tal? No, no debemos caer tan bajo por un poco de compañía. Un mes pasa rápido, mirá, ya pasaron 11 días. Falta poco, todos vuelven tarde o temprano para preparar finales, y nos vamos a ver de nuevo. La biblioteca se vuelve a poblar y quizás ir a la facultad más adelante no sea una locura como lo habría sido ir estos días.
Falta poquito para Febrero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
